Todo empezó unos meses antes, salía de la peluquería del barrio en la casa de las superfiestas. Un hombre de edad avanzada se me acercó para preguntarme:
“Ey chaval, ¿Es tuya esa moto?”
Desconfiado le respondía un tímido sí, y la vez que me preguntaba las razones se me escapaba un “Por?”
“Esta moto tiene historia, ¿Lo sabes?, con esta moto se mató Lawrence de arabia. Así que ten cuidado.”
Ese tipo de afirmaciones no dejan indiferente a nadie, pero ¿Quién es el loco que hace caso de esas palabras?
Pero esa escena había quedado ya en el fondo de la memoria para poder ser recordada tiempo después
Meses después, tocaba hacer la revisión médica a primera hora en el edificio de mi empresa, para luego volver a DC a trabajar. En la revisión no hubo sorpresas solo eran pruebas, los resultados vendrían una semana después.
Era un día lluvioso y gris, de los que tienes que prepararte a conciencia para no terminar con los huesos calados y las manos entumecidas después de un inocente paseo de 20m en moto por la jungla madrileña. Pantalones de agua, chaqueta impermeable, respiración pausada para no empañar la visera del casco, guantes de invierno, y mucho cuidado con las rallas blancas y el asfalto mojado.
Pero todo eso no valió de mucho ese día, estaba conduciendo por la parte este de la M30, cuando llegué a la incorporación de la A1, tomé la vía de servicio que te dirige hacia las tablas. Es un tramo de curva y contracurva con cambios de nivel. La velocidad no era demasiado alta, dentro de los límites. La hilera de vehículos tomaba la última contracurva llegando al cambio de rasante que se produce en el punto medio del último giro.
En ese instante se me activo el modo peligro o sentido arácnido (reflejos al fin y al cabo) en conducción ya que el coche de adelante se había desplazado bruscamente al arcén derecho cerrando aún más su trayectoria en plena curva. Tuve tiempo de preguntarme que es lo que estaba haciendo, antes de descubrir que un coche estaba parado en medio de la carretera. En un instante pasé de ver apenas el techo por el cambio de pendiente, a ver todo el coche en el centro de la calzada.
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En esos momentos reaccionas sin pensar, son pocas las fracciones de segundo que tienes para actuar.
La peor noticia es que la dirección que llevaba mi trazada me hacía empotrarme directamente con el centro de su maletero, y que es peor aún … que estaba en medio de una curva. Las posibilidades de redirigir una moto cuando estás inclinado son escasas, si a eso le añadimos el asfalto mojado y la poca distancia al vehículo se convierten en casi nulas.
Mi primera reacción fue tocar los frenos de ambas ruedas habiendo enderezado la moto primero y gestionando la presión en las palancas de frenos para no irme al suelo.
Dio tiempo a una segunda reacción porque la moto no frenaba lo suficiente. Intenté inclinarme de nuevo hacia la curva para evitar el coche parado, e irme al arcén tal y como había hecho el coche que me precedía.
Todo fue muy rápido, una curva a derechas, un coche en frente de mí parado, una frenada fuerte, un intento de cambio de dirección. Fue inútil, la tensión en el cuerpo precede el golpe, un impacto sordo, y salgo despedido.
Abro los ojos y todavía tengo el sonido de cristales rotos en mi cabeza. Estoy sentado como si el asfalto fuera un sillón sin respaldo. Miro hacia los lados, y veo varios coches delante de mí apostados en lateral de la calzada, una primera persona que sale del coche que está detrás se apresura hacia mí.
La moto está tirada en el suelo y no quiero mirarla más. El coche que yo creía que era el que había golpeado es el coche que iba detrás de mi, y el que en realidad había golpeado todavía se encontraba delante. En mi cabeza lo había sobrepasado en el vuelo consecuencia del golpe pero la realidad no era así.
Esa noche, Luis llegó a mi casa y aún pudimos estrenar el guitar hero con el cuerpo magullado.
De todo eso ya se ha cumplido un año, y las cosas han cambiado radicalmente en mi vida, pero no debido al accidente.